Niní Marshall, el humor como refugio

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Durante mucho tiempo, los argentinos hablaban como Niní Marshall, o mejor, empleaban sus palabras y los giros léxicos de sus locuaces personajes para dejar en claro y sintetizar una situación. Siempre había cerca una “Catita” o alguien que era un “tarúpido”. Y no se necesitaba más. Niní y el pueblo participaban de un código que se compartía socialmente. Nadie pudo doblegar esta voluntad popular de adueñarse de lo más caro en la creación de Niní: el habla de los caracteres que había fatigado en contacto con los inmigrantes y con sus hijos o con quienes llegaban desde el interior o guardaban aún restos de las rancias raíces patricias. Niní no fue sólo una voz en el dial, la más querida, por años. Niní les puso cuerpo a los personajes y se vieron sus diferencias en el andar, en la ropa, en el expresarse con las manos, según se tratase de Catita o de Cándida.

Niní Marshall tuvo vocación de antropóloga e hizo un trabajo de campo muy serio, pese a que los tamices de la broma y de su consecuencia, la risa, nos retrataban en lo más íntimo. Hubo también identificación con esos personajes, pero esto es harina del costal de los psicólogos.

Marily Contreras no se propone psicoanalizar ni a Niní ni a sus criaturas, pese a que se mete en el habla de ellas, incursiona en la imaginación de la creadora y la tutea en busca de una amistad que es, a la vez, diálogo de escritora a artista y una representación intuitiva de la conciencia de una actriz inigualable. Marily Contreras construye una suerte de autobiografía íntima de Niní Marshall, tamizada por la emoción ajena en busca de un encuentro interpersonal que va a compartir con el lector y que éste va a agradecer infinitamente.

Quizá diga “chas graaaacias”, a dúo con aquella chirusa inocente pero presuntuosa que se llamaba Catita y que también es nuestra, ¿vio?

Claudio España

ISBN: 9871081200
Dimensiones: 12 x 18 cm
Páginas: 128
Valor: $ 25